X


[ Pobierz całość w formacie PDF ]

Fue una escena muy triste, en aquella tarde nublada, la recuerdo tal como la vi,
asustado, desde la ventana de mi habitación, y dej� de estudiar la conjugación del aoristo,
porque ya no habr�a m�s clase. El viejo padre Fauchelafleur se alejaba por la alameda
entre aquellos valentones armados, y alzaba los ojos a los �rboles, y en cierto momento
pegó un brinco, como si quisiera correr hacia un olmo y trepar a �l, pero le fallaron las
piernas. Cósimo ese d�a estaba de caza en el bosque y no sab�a nada; por lo que no se
despidieron.
No pudimos hacer nada para ayudarlo. Nuestro padre se encerró en su habitación y no
quer�a probar bocado porque ten�a miedo de que lo envenenaran los jesuitas. El abate
pasó el resto de sus d�as entre c�rceles y conventos en continuos actos de abjuración,
hasta que murió, sin haber comprendido, tras una vida entera dedicada a la fe, en qu�
cre�a, pero tratando de creer firmemente en ella hasta el final.
De cualquier forma, el arresto del abate no implicó ning�n perjuicio a los progresos de
la educación de Cósimo. De esa �poca data su correspondencia epistolar con los
mayores filósofos y cient�ficos de Europa, a quienes se dirig�a para que le resolvieran
problemas y objeciones, o incluso sólo por el placer de discutir con los esp�ritus mejores y
al mismo tiempo ejercitarse en las lenguas extranjeras. L�stima que todos sus papeles,
que �l guardaba en cavidades de �rboles que nadie m�s conoc�a, no se hayan
encontrado nunca, y sin duda habr�n acabado ro�dos por las ardillas o enmohecidos; se
encontrar�an cartas escritas de pu�o y letra por los sabios m�s famosos del siglo.
Para guardar los libros, Cósimo construyó en distintas ocasiones una especie de
bibliotecas colgantes, resguardadas lo mejor posible de la lluvia y los roedores, pero las
cambiaba continuamente de sitio, seg�n los estudios y los gustos del momento, porque �l
consideraba los libros un poco como p�jaros, y no quer�a verlos quietos o enjaulados, de
lo contrario dec�a que entristec�an. En la m�s sólida de estas estanter�as a�reas alineaba
los tomos de la Enciclopedia de Diderot y D'Alembert a medida que le llegaban de un
librero de Livorno. Y si en los �ltimos tiempos a fuerza de estar entre tanto libro se hab�a
quedado un poco con la cabeza en las nubes, cada vez menos interesado por el mundo
que lo rodeaba, ahora en cambio, con la lectura de la Enciclopedia, ciertas bell�simas
voces como Abeille, Arbre, Bois, Jardin le hac�an volver a descubrir todas las cosas de
alrededor como nuevas. Entre los libros que se hac�a enviar, empezaron a figurar tambi�n
manuales de artes y oficios, por ejemplo de arboricultura, y no ve�a la hora de
experimentar los nuevos conocimientos.
A Cósimo siempre le hab�a gustado observar a la gente que trabaja, pero hasta
entonces su vida en los �rboles, sus desplazamientos y su caza siempre hab�an
respondido a est�mulos aislados e injustificados, como si fuera un pajarillo. Ahora, en
cambio, le asaltó la necesidad de hacer algo �til para su prójimo. Y tambi�n esto, si bien
se mira, lo hab�a aprendido con la compa��a del bandido; el placer de ser �til, de
desplegar un servicio indispensable para los dem�s.
Aprendió el arte de podar los �rboles, y ofrec�a su trabajo a los cultivadores de huertos,
en invierno, cuando los �rboles extienden irregulares laberintos de ramitas y parece que
no deseen sino ser reducidos a formas m�s ordenadas para cubrirse de flores y hojas y
frutos.
Cósimo podaba bien y ped�a poco; de modo que no hab�a peque�o propietario o
arrendatario que no le pidiese que se pasara por sus tierras, y se le ve�a, en el aire
cristalino de esas ma�anas, erguido con las piernas abiertas en los bajos �rboles
desnudos, el cuello envuelto en una bufanda hasta las orejas, alzar las grandes tijeras y,
�chac!, �chac!, cortar con seguridad ramitas secundarias y puntas. La misma habilidad
aplicaba en los jardines, con los �rboles de sombra y de adorno, armado con una sierra
corta, y en los bosques, donde intentó sustituir el hacha de los le�adores, adecuada
solamente para asestar golpes al pie de un tronco secular para derribarlo entero, por su
ligera hacheta, que trabajaba sólo en las horcaduras y las copas. En suma, el amor por
�ste su elemento arbóreo tambi�n lo supo convertir en despiadado y doloroso, como es
propio de todos los amores verdaderos, que hieren y cortan para hacer crecer y dar
forma. Desde luego �l cuidaba, al podar y talar, de servir no sólo el inter�s del propietario
del �rbol, sino tambi�n el suyo propio, de viandante que tiene necesidad de hacer m�s
practicables sus caminos; por lo que se las arreglaba para que las ramas que le serv�an
de puente entre un �rbol y otro se salvaran siempre, y recibieran fuerza por la supresión
de las dem�s. As�, esta naturaleza de Ombrosa que �l ya hab�a encontrado tan benigna,
con su arte contribu�a a convertirla en mucho m�s favorable para s�, amigo al mismo
tiempo del prójimo, de la naturaleza y de s� mismo. Y las ventajas de este obrar prudente
las disfrutó sobre todo en la edad m�s tard�a, cuando la forma de los �rboles supl�a cada
vez m�s su p�rdida de fuerzas. Despu�s, fue suficiente la llegada de generaciones con
menos criterio, de una avidez imprudente, gente no amiga de nada, ni siquiera de s�
misma, y ya todo ha cambiado, ning�n Cósimo podr� jam�s andar por los �rboles.
XIV
Si el n�mero de los amigos de Cósimo crec�a, tambi�n se hab�a hecho enemigos. Los
vagabundos del bosque, en efecto, tras la conversión de Gian dei Brughi a las buenas
lecturas y su posterior ca�da, se hab�an quedado en la estacada. Una noche, mi hermano [ Pobierz całość w formacie PDF ]

  • zanotowane.pl
  • doc.pisz.pl
  • pdf.pisz.pl
  • ftb-team.pev.pl
  •  

    Drogi uĂ…ÂĽytkowniku!

    W trosce o komfort korzystania z naszego serwisu chcemy dostarczać Ci coraz lepsze usługi. By móc to robić prosimy, abyś wyraził zgodę na dopasowanie treści marketingowych do Twoich zachowań w serwisie. Zgoda ta pozwoli nam częściowo finansować rozwój świadczonych usług.

    Pamiętaj, że dbamy o Twoją prywatność. Nie zwiększamy zakresu naszych uprawnień bez Twojej zgody. Zadbamy również o bezpieczeństwo Twoich danych. Wyrażoną zgodę możesz cofnąć w każdej chwili.

     Tak, zgadzam siÄ™ na nadanie mi "cookie" i korzystanie z danych przez Administratora Serwisu i jego partnerów w celu dopasowania treÅ›ci do moich potrzeb. PrzeczytaÅ‚em(am) PolitykÄ™ prywatnoÅ›ci. Rozumiem jÄ… i akceptujÄ™.

     Tak, zgadzam siÄ™ na przetwarzanie moich danych osobowych przez Administratora Serwisu i jego partnerów w celu personalizowania wyÅ›wietlanych mi reklam i dostosowania do mnie prezentowanych treÅ›ci marketingowych. PrzeczytaÅ‚em(am) PolitykÄ™ prywatnoÅ›ci. Rozumiem jÄ… i akceptujÄ™.

    Wyrażenie powyższych zgód jest dobrowolne i możesz je w dowolnym momencie wycofać poprzez opcję: "Twoje zgody", dostępnej w prawym, dolnym rogu strony lub poprzez usunięcie "cookies" w swojej przeglądarce dla powyżej strony, z tym, że wycofanie zgody nie będzie miało wpływu na zgodność z prawem przetwarzania na podstawie zgody, przed jej wycofaniem.